Ser o no ser una Lovemark
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Ser o no ser una Lovemark

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Ser una Lovemark es algo que todas las marcas desean. Y no es de extrañar, porque la relación que crean los consumidores con ellas va mucho más allá de lo esperable. El vínculo es mucho más estrecho, directo y eficiente. Aunque la realidad es que la mayoría de marcas no lo consiguen. La pregunta que nos hacemos en Manifiesto es: ¿qué hay que hacer lograrlo?

Después de analizar las principales Lovemarks del mercado, vemos que todas tienen unas características en común.

PRIMA LA EMOCIÓN.

La diferencia más llamativa entre las Lovemarks y el resto de marcas es que generan emociones y la relación que mantienen con sus consumidores se basa en sentimientos. Los clientes no las ven como algo que ofrece un servicio, sino que sienten “algo” por ella.

DESPIERTAN LEALTAD.

Además de sentirse cerca de la Lovemark, los consumidores también son fieles a ella. Un claro ejemplo ocurre cuando ante la gran oferta de marcas de leche que hay en el supermercado, siempre se compra la misma marca.

EL VALOR DE LOS SENTIDOS.

Las Lovemarks no solo se relacionan con el consumidor a través de lo que ofrecen. Sino que también intervienen los sentidos. Un caso recurrente lo vemos en los detergente de la ropa. Cuando su fragancia se asocia a ciertas experiencias memorables.

PROPIEDAD “COMÚN”.

A pesar de que las marcas son propiedad de quien las fabrica o comercializa, los consumidores también sienten a las Lovemarks como algo suyo. Por eso las defienden a ultranza cuando alguien las critica. O, en caso de que la propia empresa decida cambiar el producto, también son capaces de reivindicar su vuelta.

Sobre el autor

Valeri Bertrán
Valeri Bertrán

Director of New Business Development